¿Cómo podemos preparar a personas con TEA para los imprevistos?

Mañana comienza un nuevo curso escolar en Canarias, en esta nueva normalidad de la que si algo hemos aprendido es que nada está decidido. Y eso significa que tenemos que aprender a improvisar y a saber lidiar con los imprevistos. Pero claro, no todas las personas ni todos los niños afrontan igual situaciones no planificadas, algunos necesitan estructura, anticipación y saber qué es lo que va a pasar.

¿Y cómo podemos hacerlo? Lo primero es analizar qué cosas si están bajo nuestro control, por ejemplo las rutinas de casa, horarios, lugares en los que hacemos ciertas cosas, actividades que hacemos... Marcar diferentes rutinas para cada día, dentro de una estructura general, puede ayudarnos a diferenciar nuestros días, sin renunciar a la estabilidad.

La estabilidad y la rutina nos ayudan, a todos, a sentirnos seguros, calmados y en control de las diferentes situaciones, y este bienestar hace que estemos en mejores condiciones para afrontar malos ratos. Por eso es tan importante que fomentemos estabilidad y seguridad en casa.

Cómo hagamos las cosas en casa es lo que va a crear la base del bienestar de nuestro hijo/a, y esto es lo que hará que en momentos que no podamos controlar partamos de un punto más calmado y por lo tanto podamos dar mejores apoyos para que la situación no se desborde.

Las personas con TEA pueden tener una especial dificultad para sobrellevar los imprevistos, bien por que se salen de lo rutinario o porque les crea malestar en no saber a qué atenerse. Por esto es bueno, no solo que estructuremos casa y rutinas, sino que dentro de estas podemos incluir cierta flexibilidad. Y me explico. Podemos saber que el lunes no toca ir a la piscina por la tarde, pero no saber qué bañador, maleta o recorrido haremos para llegar. Podemos, después del baño, dar dos opciones de juego y que la persona elija (además de la flexibilidad comenzamos a dar oportunidades de decisión), e incluso ir más allá y una vez creada esa rutina de juego tras el baño, y antes de cenar, que algún día la actividad sea sorpresa.

Como ven, respetamos la dificultad, anticipamos, damos la seguridad de saber qué va a pasar y cuándo, pero también metemos pequeños puntos de flexibilidad. ¿Para qué? Pues porque no podemos controlarlo todo siempre, como hemos comprobado en este 2020, y damos la oportunidad a nuestro/a hijo/a de ser un poco más flexible en un entorno seguro y controlado, para que en otros entornos lo pueda levar mejor.

¿Qué más podríamos hacer? Pues supongamos que estos cambios, pequeños y controlados, le suponen un esfuerzo, que le provoque ansiedad o cierta desregulación, pues podemos aprovechar y buscar apoyos para que mejore su autorregulación. Acompañándole y apoyando, con nuestra compañía, con nuestras palabras (respira, cuenta hasta diez, cantemos una canción…) pero también con objetos sensoriales, por ejemplo, o construyendo juntos nuestro espacio de tranquilidad (Puede ser con cojines y mantas, con una pelota de pilates, una cabaña con luces de colores… Imaginación al poder, y siempre siempre siempre construyendo todo juntos! Acompañando y apoyando cada paso y cada esfuerzo, y sin olvidarnos de respetar aquellos límites que nos marcan como líneas que no debemos pasar (Cosas que le resulten realmente aversivas, complicadas o que le provoquen tal mal estar que no nos merezca la pena).

Si quieres tener algunas saber cómo hacer una estructura temporal, pincha aquí para ver el vídeo en el que doy algunas ideas.

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