¿Qué hago cuando empiezan las rabietas?

Cuando nuestros peques cumplen dos años nos comienzan a llegar avisos: "la a-do-lescencia", " cuidado que empiezan las rabietas"... y claro nos ponemos en alerta. Mi peque, que es un solete ¿Se va a comportar como un adolescente? ¿Van a comenzar los enfados? ¿Me la va a liar en público? Pues bueno... la cosa cambia, no nos vamos a engañar, pero como todo en esta vida, no es lo que nos ocurre sino como lo vivimos ¿no?. Estar predispuestos a que se va a liar, no nos va a aportar nada, así que primera recomendación, vivir el momento.

Segunda recomendación: LEER sobre el desarrollo del cerebro. Si, sé que esto es un poco raro, pero lo cierto es que ahora tenemos libros que son muy fáciles de leer, destinados a las madres y a los padres, y que nos van a facilitar entender qué es lo que le pasa a nuestro peque al llegar a los dos años y lo más importante a saber qué podemos hacer para ayudarle a pasar estos momentos.

Tercera recomendación: ACOMPAÑAR y ANALIZAR. Estar, y que sepa que estás, aunque no nos guste su comportamiento en ese momento tenemos que ser capaces de acompañarles y en nuestro acompañamiento podemos ver qué es lo que hay detrás de esa rabieta.

Durante la rabieta el peque tampoco está experimentando buenas sensaciones, pero la hace por algo. Puede ser por frustración, algo que no entiende o que no es capaz de lograr, algo que le provoca malestar y su cebreo le dice huye. En este caso podemos acompañarle, por ejemplo, poniendo en palabras lo que siente, adaptándonos a su comprensión, y explicando la situación. Mostrándonos cariñosos e incluso dando alternativas que le sirvan de distracción para volver a su estado “normal” o alternativas que le ayuden a calmarse.

También, hay peques más sensibles que otros, puede que experimente un desbordamiento sensorial, y por esto su cerebro dice, sal de aquí. . quizá no nos damos cuenta y nos hemos metido en un sitio con mucho ruido, o con olores muy fuertes, o le hemos puesto una ropa que le molesta o la luz es muy fuerte… y que esto a nuestro peque le supere y explote. Este motivo creo que es de los más difíciles porque nosotros no lo percibimos. Así que, si acabas de llegar a algún sitio, y comienza una “rabieta”, con toda la tranquilidad que puedas sal de ese sitio, trata de calmar al peque. Quizás te lo pueda explicar una vez se ha calmado, o quizás no. Yo qué haría, buscaría algún distractor, algo que le guste, e intentaría volver a entrar, pero a la mínima señal de malestar me iría de nuevo. A los días, podemos volver a probar… Esto es super complicado, y sobre todo, si son muy pequeños o tienen dificultades de comunicación, y sospechamos que algo de esto puede estar detrás, creo que no tenemos que obligarles a estar en situaciones que les desagradan tanto. Dedicaré otro post a hablar del perfil sensorial.

Otro de los motivos de una rabieta puede ser que quiere algo, en este caso si tenemos claro el límite, nuestro acompañamiento debe ser el mismo, comprender que es su forma, la herramienta que tiene en ese momento para expresar lo que siente. Lo que podemos hacer nosotros es ponerlo en palabras y explicar nuestros motivos, y quizás darle otras alternativas que nos encajen más y por supuesto, podemos distraerle con otra cosa para conseguir que salga de ese momento.

Para enfrentarnos a las conductas siempre tenemos que saber por qué se producen, que hay detrás, qué se pretende… y saber cómo podemos acompañar ese momento. Después, debemos trabajar para evitar que se vuelva a repetir, ya que es algo desagradable para todos. No siempre podremos evitar que suceda, pero si que podemos estar preparados e ir teniendo herramientas que nos lo hagan más fácil. Al igual que podemos ir enseñando a los peques a expresarse de otra manera y tener sus propias formas de autorregularse, siempre teniendo en cuenta que, su momento de desarrollo es el que va a determinar qué cosas si puede aprender y que hay otras que todavía su cerebro en construcción no está preparado para asumir.

Cuarta recomendación y la más importante. AUTOCUIDADO. Las mamás y los papás necesitamos estar bien, estar tranquilos, cuidarnos y mimarnos. No solo somos padres y madres, somos personas y necesitamos tiempo propio, descanso… A mejor nos cuidemos mejor cuidaremos. ¿Y esto a qué viene? Pues viene a que, si estamos agotados, cargando con un día largo a cuestas, nerviosos… cuando nuestro peque tenga un mal rato, que lo va a tener, no vamos a poder acompañarle desde el respeto y el amor. Porque nos va a salir nuestra parte primitiva, que no se controla, y que va por la vida gritando y ordenando sin pensar en el otro.

Espero que estas ideas les ayuden para, como siempre, acompañar a nuestros peques lo mejor que podamos.

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